Belyan

 

El mejor orgasmo de mi vida.

Por mucho.

El mejor.

Al menos hasta el momento.

Tan arrasador que todavía no sé cómo fue que tuve la habilidad de moverme, hablar y recostarme después de que sucedió, ya que me había robado de la capacidad de raciocinio durante los minutos consecuentes.

Tal vez por eso fue que ni siquiera tuve tiempo de entrar en shock, dejándome vencer por el relajamiento y la saciedad.

Y de todas formas, ¿qué se supone que hace uno después de un instante tan sublime como ese? ¿Existe alguna regla en específico? ¿Un código de conducta? ¿Qué se piensa? ¿Cómo carajos se respira?

A la mañana siguiente abrí los ojos mucho antes que Lórimer, pero con su rostro tan cerca del mío que los recuerdos de la noche anterior me dieron de golpe en un instante, arrancándome el aliento de la misma forma en que lo había hecho él ayer… excitándome de la misma forma en que lo había hecho él ayer.

Quiero mi recompensa.

Mis propias palabras seguían repitiéndose en mi cabeza sin descanso, preguntándome cómo jodidos me había atrevido a pronunciarlas, a incitar a Lórimer, a ser yo quien diera el primer paso. Había pasado los días previos enojado, casi odiándolo, pero después de lo sucedido en la cueva y en la Jungla de Morarye, lo único que había dominado mi mente había sido su bienestar y lo mucho que necesitaba sentirlo cerca.

Levántate ya.

Mi orden había sonado ruda y cortante, pero lo que Lórimer no había sabido era que verlo ahí, de rodillas frente a mí, con los ojos cerrados y la respiración acelerada, había estado a punto de provocarme una nueva erección, y no quería que mi mejor amigo terminara pensando que yo era algún tipo de adicto sexual o un pervertido de primera, así que la brusquedad había sido mi primer escudo contra las sensaciones que estaban invadiéndome una vez más. ¡Por todo lo que es sagrado! ¡Si acababa de venirme! ¿Cómo era posible que la simple visión de aquel masculino sujeto arrodillado atrajera tales reacciones en mí? Súbitas, viscerales, reales.

Más reales de lo que había sentido jamás.

Fue ese el instante en que me di cuenta de que mi mano estaba ascendiendo y acercándose cada vez al pacífico rostro del gemelo, que lucía más joven, inocente y casi puro durante el sueño, transformándose su varonil atractivo en algo muy cercano a la belleza… o tal vez era sólo porque se trataba de él, y los sentimientos que estaba despertando en mí me hacían sonar como el cursi más dramático de todos los Dominios. Sentí una descarga de temor y vergüenza que detuvo mis movimientos y me forzó a ponerme de pie para alejarme de él.

Y no era el hecho de sentirme atraído por mi mejor amigo lo que me tenía en ese estado, no… La verdad era que incluso me sorprendía no haber sucumbido más pronto ante un sujeto como él.

Pero esta era una felicidad que no me merecía. Una perfección que no era para mí.

¿Cómo coños aspirar a algo tan increíble después de todo lo que había hecho en mi pasado, cuando había sido un desalmado y la mano derecha de Arématis?

No era justo para Lórimer. Él era uno de los mejores hombres que había conocido en toda mi existencia, y sabía bien que se merecía a alguien más, a alguien tan impresionante como él, a alguien que no estuviera tan roto como yo, plagado de conflictos internos y culpabilidad y el peso de vidas arruinadas sobre mi consciencia.

Tomé mis prendas descartadas en el suelo y con sigilo abandoné la habitación antes de que Lórimer despertara, dándome una ducha fría para luego descender al piso inferior, en donde mi hermano y Bradd se dedicaban a preparar los alimentos para todos, por lo que me les uní en silencio para ayudarles.

—¿Te encuentras bien? —Erick siempre ha sido muy perspicaz, lo cual resultaba inconveniente cuando eras tú a quien le prestaba atención, por lo que me encogí de hombros sin responderle, moviéndome de un lado al otro entre la cocina y el comedor para acomodar los platos y cubiertos necesarios sobre la amplia mesa.

Afortunadamente no insistió.

Cuando todo estuvo listo, los habitantes temporales del refugio fueron arribando al piso inferior, entre ellos Lórimer, quien de inmediato buscó mi mirada con la suya, la cual me fue imposible sostener por más de medio segundo. La suerte me acompañó durante el transcurso del desayuno, ya que a pesar de que continuaba sintiendo los ojos de mi mejor amigo sobre mí, la atención se centró en Matheo y en lo que había sido de su vida durante las últimas décadas, lo cual ayudó a que el resto de la familia no se percatara de las oleadas de energía anhelante e incómoda que iban y venían del gemelo hacia mí y de regreso.

Adivinaba lo que debía de estar sintiendo él, creyendo que yo me había arrepentido de lo sucedido y era por ello que había huido de la recámara y la razón por la que ahora no me atrevía a mirarlo… ¿Cómo hacerle entender que lo vivido la noche previa había sido uno de los mejores instantes de mi vida? Pero al mismo tiempo ¿cómo hacerle entender que él se merecía más? Ni siquiera me había dado la oportunidad de reciprocidad, deteniéndose una vez que mi placer había sido alcanzado al máximo.

Mi tranquilidad mental regresó un poco una vez que Lórimer pareció darse por vencido, puesto que tampoco se trataba de un masoquista (porque lo acepto, lo que yo estaba haciendo era bastante cruel), y comenzó a ignorarme para centrar su atención en la charla que se llevaba a cabo.

Me enteré que desde la tarde anterior Vanessa se había comunicado con Dem, por lo que éste estaba al tanto de lo sucedido en la Jungla de Morarye, así que al término del tenso desayuno, mi cuñada volvió a salir de la enorme cabaña para poder contactarse con su padre por medio de su animal afín y pedirle que trajera a mis sobrinos para acá, ya que por el momento era el sitio más seguro de los Dominios.

El caos se desató cuando Vanessa volvió, avisándonos de la llegada de un perro y de que las aves le habían informado que su hermano se encontraba en esta dimensión, ya que Eridani, su sobrina y dueña del pastor inglés que Matheo acababa de rescatar, jamás había vuelto a casa, así que Andrés había viajado a los Dominios del Ónix Negro en su búsqueda.

Nunca había visto a Govami tan alterado y tan preocupado como en ese momento, por lo que de inmediato me pregunté qué significaría aquella mujer para él.

Y las cosas no mejoraron cuando Matheo finalmente pudo comunicarse con el perro (llamado “Max”, irónicamente) y éste le informó que Eridani había sido capturada por Místicos, por lo que en cuestión de poco tiempo, y después de unos cuantos gritos y discusiones, todos comenzamos a entrar en acción mientras que Lórimer y Mikael se dedicaban a sanar al animal, acordando a que aguardaríamos a que el canino estuviera en mejores condiciones para que nos informara en dónde se encontraban los dragones/humanos que habían raptado a la hija de Andrés.

Fue eso lo que volvió a traer a colación al hermano de mi cuñada.

—¿Qué me dicen de Andrés? —preguntó Vanessa entonces—. Sé bien que mi hermano no es la persona favorita de todos, pero no podemos dejarlo vagar solo por los Dominios. Jamás logrará encontrarnos; somos una aguja en un pajar.

—¿Una qué en dónde? —Lylibeth estimaba mucho a mi cuñada, por lo que no me explicaba por qué siempre parecía querer golpearla cuando hablaba con ella.

—Es una frase del Dominio Exterior. No es importante. Lo importante aquí es Andrés. Tendré que ir a buscarlo.

—Yo puedo ir —me ofrecí sin pensarlo; sentía que el refugio comenzaba a sofocarme y aquella era la excusa perfecta para salir de ahí—. Los niños están de camino y querrán ver a sus padres al llegar.

—¿No te molesta? ¿De verdad? —la voz de la mujer y su expresión reflejaron tanto alivio que no pude evitar la sonrisa condescendiente.

—De verdad. No te preocupes —le dije; y de nuevo, sin pensarlo, me volví hacia Lórimer, que ya se levantaba después de terminar de sanar a Max—. ¿Vas conmigo? —¡Mierda! ¿De dónde había salido aquello? Se suponía que lo que deseaba era crear distancia entre nosotros y ahora se me ocurría invitarlo a acompañarme.

Su inmediata y ronca respuesta me provocó un estremecimiento que apenas fui capaz de ocultar:

—Sabes que sí.

No logré rehuir su mirada por más tiempo, atrapado de manera total en las profundidades de sus ojos, que lucían serios y esperanzados y heridos, todo a la vez, mientras que yo usaba los míos para intentar disculparme sin hablar, para intentar darle a entender que él no tenía la culpa de mis actitudes, de que era yo quien estaba resquebrajado sin posibilidad de ser restaurado, no después de las atrocidades que había cometido con el único fin de obtener placer del dolor.

Lórimer siempre había sido mi confidente, sí, pero había cosas que nadie sabía, ni siquiera él, acciones que llevé acabo siendo un desalmado de las cuales me avergonzaba demasiado como para pensar en ellas, mucho menos para mencionarlas en voz alta.

Sin agregar nada más nos alistamos para el viaje, y llegaba el medio día cuando estábamos por partir (después de que Vanessa nos informara que las aves le habían dicho que Andrés se encontraba en Prismma Zeben), cuando la puerta de la cabaña se abrió de golpe y por ella ingresaron Arabela, Dorian y Dem.

Los niños de inmediato alegraron el lugar, saludando a todos con su efusividad de siempre para luego centrarse en Matheo como si se tratara de un juguete nuevo. Fue cuando perdieron el interés en él y comenzaron a rogar por salir a jugar en la nieve que el padre de Vanessa finalmente llegó hasta Govami, exigiendo una inmediata explicación acerca de la manera en que nuestro amigo había involucrado a su nieta mayor en este nuevo desastre que se nos venía encima.

Matheo corrió con suerte, ya que antes de abrir la boca para hablar, Lórimer intervino contándole a Dem de la situación de Andrés, invitándolo a acompañarnos con la misma libertad que yo me había tomado al incluirlo a él en la misión. El hombre aceptó instantáneamente, alejándose de nosotros para prepararse con prontitud.

—Me debes una —escuché que mi mejor amigo le decía a Govami con voz muy baja, sonriendo con un dejo de burla en sus labios… esos mismos labios que habían estado sobre mí apenas unas horas atrás.

—Sí, sí. Gracias —respondió Matheo con cierto grado de mal humor, probablemente con sus pensamientos todavía puestos en los reclamos de Dem.

No cabía duda que la culpabilidad parecía ser contagiosa.

Ya no tuve tiempo de reflexionar aquello, puesto que nos marchamos apenas unos minutos después.

Decidimos hacer uso de portales fijos para viajar, porque a pesar de que la Congregación ya no nos seguía, ahora era de los Místicos de quienes debíamos cuidarnos, y si comenzábamos a alzar portales con nuestra energía espiritual sería mucho más sencillo que detectaran nuestras presencias.

La tensión entre Lórimer y yo era casi tangible, pero Dem no pareció percatarse de ella, haciéndonos preguntas acerca de lo acontecido desde que partió a Karnath con los pequeños y mencionándonos que, al menos los sitios que él había visitado con Dorian y Arabela, se habían visto desprovistos de problemas o ataques de dragones/humanos, a pesar de que se corría la voz de lo sucedido en la Jungla de Morarye, por lo que los habitantes de los Dominios comenzaban a verse inundados por el recelo y el temor.

Aquello se hizo más obvio esa noche, cuando llegamos a una pequeña aldea llamada Irhaal, en donde la gente nos vio e inmediatamente comenzó a hacer preguntas y peticiones; el lugar era tan pequeño que no contaba con un paladín propio, lo cual era común para los poblados más grandes, así que las personas se notaban muy alteradas ante las noticias que habían llegado hasta ahí. Intentamos tranquilizarlos lo mejor posible, diciéndoles que permanecieran atentos a cualquier suceso pero que no cundieran en pánico y se contactaran con cualquier paladín, cerrajero o adalid cercano que pudieran localizar en dado caso de que algo más pasara, pero fuera de eso no había más que pudiéramos hacer, al menos no por el momento y contando con tan poca información como ellos.

Irhaal era tan diminuta que su taberna/posada contaba nada más con dos habitaciones, por lo que, como era de suponerse, Dem dijo que él tomaría una mientras que Lórimer y yo tendríamos que compartir la segunda, pues (sus palabras) “ustedes ya están acostumbrados a dormir juntos”.

Por fortuna no nos observaba cuando dijo aquello, porque la tensión que se apoderó de ambos fue instantánea, junto con una descarga de pánico con deseo que se mezclaron en mi interior, recorriendo cada vena, cada arteria, hasta llegar a mi alma y hacer explosión ahí, por el simple hecho de que lo que debía hacer chocaba a cada instante con lo que quería hacer.

Auxiliamos a la aldea de Irhaal con la creación de renovados escudos espirituales a cambio del hospedaje y la cena, y al término de ésta el primero en retirarse fue Lórimer, alegando que se encontraba agotado. Lo conocía demasiado bien a estas alturas, así que deduje de inmediato que estaba mintiendo, probablemente con el único fin de escapar cuanto antes de mi presencia y de la atenta mirada de Dem, quien, ahora que las cosas se encontraban en calma, comenzaba a lucir sospechoso de nuestras actitudes.

Varias personas llegaron a hacernos compañía entonces, por lo que también tuve la oportunidad de huir de la taberna, dejando a Dem sólo con la gente mientras que con rapidez recorría el corto pasillo hasta el cuarto que compartiría con mi mejor amigo. Lo encontré recostado en la orilla de la única cama del lugar, con la espalda hacia mí y obviamente fingiéndose inconsciente, cuando su energía me decía con claridad que se encontraba tan despierto como yo.

Se había removido sólo las botas y el chaleco, por lo que lo imité y, mientras me deshacía de las prendas, fue que hablé:

—Sé que no estás dormido.

—Bien por ti —fue su cortante respuesta, pero aun así me hizo sonreír un poco. Lórimer nunca había sido sarcástico, y no entiendo la razón, pero algo dentro de mí se deleitaba por extraer aquellas características de él, como si existiera algo en mi mejor amigo que era sólo mío.

Levanté las sábanas y me recosté a su lado, sintiendo como se tensaba y se recorría todavía más hacia la orilla del colchón; un centímetro más y acabaría por caerse del lecho. Eso me arrancó otra sonrisa, pero no hice comentario al respecto para no incomodarlo más.

—Inusual la reacción que tuvo Govami cuando se enteró de lo sucedido a la nieta de Dem, ¿no lo crees? —fue lo que se me ocurrió decirle, escuchándolo carraspear antes de responderme.

—Yo también lo noté. Nunca antes lo había visto así.

—Me dio la impresión que ésta chica es diferente. Incluso más importante para él que lo que lo fue Vanessa.

—¿Tú crees?

—Si… Ni siquiera cuando estuvo conectado con ella lo vi actuar de manera tan instantánea y visceral.

—Cierto

—Ojalá que ella esté bien.

—Ojalá.

—Y que Govami encuentre lo mismo que encontró Erick en su compañera de vida.

—Ojalá —repitió en un murmullo, sin perder la tensión de su postura, a pesar de mis intentos por distraerlo con una charla que en realidad no tenía nada que ver con nosotros.

¿Qué es lo que pretendes, Varzzen? me pregunté a mí mismo cuando, de estar bocarriba, giré mi cuerpo para que mi pecho quedara pegado a su amplia espalda. No tenía respuesta para mi propia cuestión, lo único que sabía era que no podía dejar las cosas así, algo en mi interior aferrándose a provocar a Lórimer hasta el límite de su paciencia.

—¿Dónde aprendiste a hacer eso? —agregué entonces.

—¿Aprendí qué?

Me acerqué todavía más a él, para que al volver a hablar lograra sentir mi aliento sobre su cabello y su cuello.

—Lo que me hiciste anoche.

Todo Lórimer se paralizó de tal manera, que lo único que le faltó fue pegar un brinco para escapar de la cama.

—Fue increíble —presioné—. Nunca antes me había venido así, ni tan rápido… ¿Dónde lo aprendiste?

Creo que esta vez fui demasiado lejos, porque su respuesta fue cortante y obviamente molesta.

—Que tenga que ocultar mis preferencias sexuales por culpa de la Congregación, no quiere decir que sea célibe, Varzzen —escupió con irritación apenas contenida, con lo que logró que el enojo me contagiara.

No esperaba que mi mejor amigo fuera virgen, pero tampoco que sus palabras me enfurecieran y me encendieran al mismo tiempo. Las imágenes mentales que surcaron por mi cerebro me llevaron a extremos insospechados de ira y excitación mezcladas. Todo lo anterior combinado me hicieron reaccionar más que volver a hablar, jalando a Lórimer por el hombro hasta que, a base de fuerza bruta, lo obligué a acostarse bocarriba, a mirarme con confusión y con el aliento tan veloz como el mío.

—¿Qué carajos haces ahora, Belyan?

—Mostrándote lo que he aprendido yo —murmuré contra sus labios antes de posesionarme de ellos, acomodándome sobre su cuerpo hasta que ambos nos amoldamos a la perfección.

No tuvo que pasar mucho para que me olvidara de mi enojo y de mis convicciones, de todo aquello que había pensado a lo largo del día y que me había propuesto llevar a cabo, como permanecer alejado de él y dejar de abusar de su amistad y de su confianza y de la clara atracción que sentía por mí. Sí, se merecía a alguien mejor que yo, pero el sabor de su lengua dentro de mi boca logró que aquello dejara de importarme; sus brazos cerrándose con fuerza a mi alrededor, sus piernas enredándose con las mías, sus gemidos haciendo eco contra mi piel, hicieron que dejara de lado todo, con el único fin de poder seguir sintiéndolo contra mí.

Sin que me diera cuenta mi mejor amigo, igual que la noche previa, sin aviso alguno tomó las riendas de la situación. Apenas me había atrevido a despegar mi boca de la suya para con ella ir recorriendo su cuello cuando sentí como era él quien me hacía girar a mí, quedando en posiciones opuestas, ahora Lórimer sobre mi cuerpo, tomándome de las manos con más tosquedad de la necesaria hasta sostenerlas sobre mi cabeza contra la almohada.

—¿Quieres aprender cosas nuevas, entonces? —inquirió con voz ronca, y con la misma mezcla de furia y deseo que me había recorrido a mí apenas hacia unos instantes.

El efecto que tenía sobre mí era tan potente que ni siquiera logré encontrar mi voz para responder, lo único que pude hacer fue asentir, por lo que Lórimer me besó una vez más al tiempo en que comenzaba a mover la dureza de su erección exactamente alineada contra la mía. Incluso a través de nuestros respectivos pantalones, el vaivén de sus caderas comenzó a enloquecerme, haciendo que mi cuerpo respondiera con oscilaciones similares, acariciándonos por encima de la ropa sin dejar de fundir nuestras bocas, respirando con mayor agitación que nunca, temblando a causa del orgasmo que se aproximaba con incontrolable rapidez.

Los dedos de Lórimer se entrelazaron con los míos y ahora fui yo quien incitó la Fluidez, gruñendo de forma gutural al percibir sus sensaciones combinadas con las mías y logrando así que el placer se magnificara al doble.

—No te detengas. Por favor, no te detengas —rogué contra sus labios, de la misma manera en que lo había hecho la noche anterior.

—Nunca —fue su áspera respuesta, mirándome a los ojos al instante en que cada partícula de mi ser hacía implosión dentro de mí, llevándole mi éxtasis a Lórimer a partir del recorrido de su espíritu en mi cuerpo y del mío en el suyo, provocando que su orgasmo llegara a él apenas unos segundos después que el mío había dado inicio.

La noche anterior no había sido consciente de ello, pero ahora que su mirada se encontraba sobre mis ojos pude darme cuenta de que no había cosa más fenomenal que el rostro de Lórimer a mitad de una pasión tan intensa.

Cerré los párpados tratando de protegerme de tal visión, sintiendo como sus movimientos iban desacelerándose hasta detenerse, para luego besar mi barbilla con suavidad y finalmente bajarse de mi cuerpo.

La ausencia de su peso y de su calor me hizo sentir vacío, pero no volví a abrir los ojos, la potencia del momento se encargó de arrancarme todas las fuerzas, sumiéndome en un estado de inconsciencia casi instantáneo.

—Por favor deja de hacerme esto —no estoy seguro de si en realidad Lórimer murmuró esa frase o la soñé, sólo sé que a la mañana siguiente recibí una probada de mi propia ingratitud, pues ahora fui yo quien despertó sin él.

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