Belyan 

Como era de esperarse, Erick no perdió el tiempo para ir en busca de Matheo, o al menos en busca de esas evidencias que supuestamente lo incriminaban en una serie de actos atroces. A ninguno de nosotros nos quedaba duda alguna de la inocencia de nuestro amigo, pero sí era bastante confuso el hecho de que, según Forley, la energía percibida en el sitio del crimen era la de Matheo, ya que ésta es imposible de duplicar.

Permanecí en la cabaña del Territorio del Primero con Vanessa y los niños en lo que Dem llegaba por ellos, utilizando de pretexto que no deseaba dejarlos solos en circunstancias como éstas, cuando la verdad era que estaba siendo un completo cobarde al no volver a Jemsby.

Lórimer.

Hasta el momento había logrado mantenerlo fuera de mi mente, a él y a lo sucedido la noche anterior, pero sabía que en cualquier descuido iba a colarse por entre mi memoria y no existiría manera alguna de sacarlo de ahí.

¿Qué carajos había sucedido?

Sí, comprendo que la respuesta es sencilla: mi mejor amigo me besó. Eso no era lo que me tenía vuelto loco. No, lo que estaba acabando con mi cordura fue mi respuesta a él.

Aunque la verdad era que a pesar de todo lo anterior, mi presencia en el Territorio del Primero era necesaria: estábamos siendo seguidos por la Congregación, todos. Yo me había percatado casi de inmediato de la paladín que había intentado mantener su distancia para que no la notara, y ahora entre Vanessa y yo debíamos fingir que Erick continuaba aquí, para que pudiera ir a investigar la escena del crimen sin levantar más sospechas.

Tan sólo esperaba que la mujer que había estado tras de mí fuera tan inexperta en detectar energías espirituales como en pasar “desapercibida”; la de mi hermano y la mía eran ligeramente similares, por lo que confiábamos en distraerla por un rato.

El plan también incluyó mandar a nuestros animales afines para invitar a los demás a la cabaña, con el pretexto de despedir a los niños y para así enmascarar mejor la ausencia de Erick en el lugar. No todos tenemos el mismo animal afín, pero hacia años organizamos un sistema de emergencia para mantenernos en contacto a través de la distancia, así que por medio de aves y felinos en específico, mandamos llamar al resto de la “tribu”, como se refería Bradd a nosotros.

Lórimer, obviamente, sería uno de los que vendrían.

Y, obviamente, todavía no tenía idea alguna de qué hacer o decir en su presencia. ¿Cómo demonios iba a saber cómo actuar si aún no lograba comprender lo que había sucedido?

Los gemelos y el cerrajero arribaron juntos al Territorio del Primero, apenas unos minutos después de la llegada de Dem, por lo que, pretendiendo ayudar a Arabela y a Dorian con detalles de último momento antes de su viaje, dejé a los adultos en la sala para que Vanessa y su padre se pusieran al corriente de lo sucedió y para que fuera mi cuñada quien le avisara a los demás que Erick ya se había marchado a comenzar una investigación por su cuenta.

Yo había tratado de detenerlo, rogándole que pensara bien en lo que estaba haciendo, insistiendo en que necesitábamos un plan, que Matheo era el que siempre actuaba antes de razonar, pero no hubo palabra alguna que lograra desviarlo de su cometido. Se preparó, se despidió de su compañera de vida y de sus hijos y, a hurtadillas y resguardando su energía espiritual, salió de la cabaña rumbo al sitio donde se habían cometido los crímenes de los que nuestro amigo era sospechoso.

Descendí a la planta baja junto con los niños en cuanto ambos estuvieron listos, escuchando como, en cuanto mis amigos notaron nuestras presencias, sus voces, segundos antes muy altas, se habían acallado por completo.

—¡Abuelo! —gritó Ari entusiasmada, corriendo hacia los brazos abiertos de Dem—. ¡Estoy lista! ¡Vámonos ya!

El hombre compuso sus facciones de inmediato, yendo de la preocupación y la furia a una tierna sonrisa dedicada a la pequeña.

—¿Seguros que no les falta nada? —inquirió con sus ojos viajando de la niña a Dorian, quien permanecía inusualmente serio.

—¿Seguros ustedes de que no necesitan que me quede a ayudar a mamá? —fue la respuesta del niño.

Dorian se caracterizaba por ser bromista, expresivo y juguetón, pero también era muy intuitivo, por lo que en aquel instante no podría parecerse más a su padre si así lo quisiera.

Vanessa se inclinó un poco hacia él, pues a pesar de su corta edad, había heredado la altura de los Varzzen.

—Estaré bien. El tío Belyan permanecerá conmigo, ¿cierto?

Asentí al sentir todas las miradas sobre mí, incluida la de Lórimer, lo que al parecer tenía la capacidad de dejarme sin habla. Afortunadamente, desde el regreso de mi alma, no he sido un hombre de muchas palabras, por lo que mi silencio estaba justificado.

Dem abrazó a su hija entonces.

—Manténganme informado —le murmuró, a lo que ella respondió afirmativamente.

—Mantenlos a salvo —dijo Vanessa; su padre le dedicó una expresión tranquilizadora.

—Cuenta con ello… Bien, chicos, partamos.

Se marcharon después de breves despedidas, por lo que por fin nos vimos en libertad de discutir lo sucedido: tal y como había adivinado, ninguno creía que Matheo tuviera nada que ver con lo sucedido; sin embargo, según Forley le había informado a Bradd y Lylibeth, las pruebas eran por demás incriminatorias, así que ahora era nuestro turno de decidir qué hacer al respecto.

Tenía que existir alguna manera de probar la inocencia de nuestro amigo, el problema era que no teníamos ni la menor idea de cuál sería ésta. Al final acordamos que Lylibeth y Bradd irían a tratar de obtener más información de Forley, quien se encontraba en el centro de la investigación, Lórimer viajaría a la Jungla de Morarye para tratar de averiguar dónde estaba Matheo en aquel momento y yo permanecería, como se había dicho antes, con Vanessa, para seguir enmascarando, aunque fuera levemente, la ausencia de mi hermano.

—¿Podemos hablar? —inquirió mi mejor amigo una vez que nos fuimos esparciendo.

Sus ojos rogaban, aunque no supe por qué, si por una afirmación o una negativa. Había dado el primer paso y quise creer que los dos éramos lo suficientemente maduros como para manejar la situación, por lo que asentí en silencio y juntos salimos de la cabaña.

Caminé tras él durante unos metros, sintiendo como la respiración se me aceleraba con cada paso e intentando inhalar y exhalar profundo para calmarme. No sabía con exactitud qué era lo que desbocaba mis alientos, si el nerviosismo, el miedo o el hecho de que, en un mero segundo la noche anterior, la visión de Lórimer había cambiado por completo frente a mis ojos.

Tragué saliva con fuerza ante el breve recuerdo de su cuerpo contra el mío, peleando contra la inesperada lujuria en una batalla que, por fortuna, logré ganar antes de que él se detuviera para luego volverse hacia mí.

El movimiento de su cuello y la rigidez de sus músculos me dieron a entender que Lórimer se encontraba tan alterado como yo; retorcido de mi parte, que fuera eso lo único que lograra calmarme un poco.

—No te quiero perder.

¡Carajo! Con esas cuatro palabras hizo que el nerviosismo me diera de golpe una vez más.

—Lórimer…

—A lo que me refiero es… Digo… ¡Agh, carajo! —me interrumpió; aunque di gracias por ello, porque más allá de su nombre, no tenía idea de qué más agregar; aparte de que su titubeo y uso de maldiciones me hubiera callado de todos modos; él no era propenso a arranques de ese tipo, por lo que me sorprendía verlo así—. Eres mi mejor amigo, Belyan, eso es a lo que estoy tratando de llegar —prosiguió—. Has estado conmigo en mis mejores y peores momentos… Fui un imbécil y estaba más borracho de lo que supuse; jamás fue mi intensión aprovecharme de una situación así, por lo que no me perdonaría nunca que mi vida se quedara sin ti por un instante de estúpida embriaguez de mi parte.

Instante de estúpida embriaguez.

¿Por qué aquella frase dolió tanto?

—No me vas a perder —dije al fin, aclarándome la garganta y tratando de recuperar la compostura, el control sobre mí mismo, al tiempo en que escondía ambos puños en los bolsillos de mi pantalón de cuero—. También eres mi mejor amigo y lo sabes, así que dejemos el… ahm… lo sucedido… en el pasado, y concentrémonos en lo que hay que hacer para sacar al idiota de Matheo de esto ¿te parece?

Me dedicó una breve sonrisa, tan fugaz que hasta parecía una de las mías.

—Hecho… Vuelvo en cuanto tenga noticias.

—De acuerdo —le respondí, a lo que él asintió.

Se marchó con el rostro bajo y la mirada en el suelo. Sin decir nada más. Sin verme otra vez.

Aquello hizo que el miedo explotara en mi interior… ¿Y si era yo quien terminaba por perderlo a él?

 

 

Lórimer

 

Habían mandado a Matheo a una misión a Numandi con el fin de mantenerlo distraído e ignorante durante las averiguaciones, por lo que debía de encontrar alguna forma de enviarle un mensaje a mi gemela. Habían transcurrido ya unos cuantos días, por lo que lo más seguro era que Erick estuviera con Matheo o cerca de encontrarlo, así que una de nuestras opciones era buscarlos a ambos de una vez, pero con suprema cautela, ya que si no nos arriesgábamos a que los hallaran por medio de nosotros, y más aún yo, si se me ocurría partir desde la Jungla de Morarye.

Lo que debía hacer, lo sabía, era volver al Territorio del Primero y pedirle a Vanessa que enviara un cuervo, que era la señal que todos habíamos acordado que significaba el reunirnos en la cabaña, para poder idear un nuevo plan, así que tendría que tragarme el miedo y la decepción y regresar; había cosas más importantes por el momento que mi corazón roto y la ridícula forma en que extrañaba a Belyan.

Durante las últimas décadas habíamos pasado muchísimo tiempo junto, y era por ello y por nuestras circunstancias de ahora, que el temor deseaba ganarle la batalla a la responsabilidad por primera vez en mi vida.

Hice uso de mis prácticas en la creación de portales y abrí uno temporal una vez que me alejé del cuartel principal de los paladines, guiándolo a Jemsby primero y así confundir al sujeto que aún continuaba tras de mí, para luego dirigirme al Territorio del Primero.

Apenas arribaba al claro frente a la cabaña cuando vi a Belyan emerger de ella, observándome de manera extraña, dándome esperanzas, no sé si falsas o verdaderas, de que tal vez yo también le había hecho falta a él.

—¿Estás bien? —fue lo primero que me preguntó.

Asentí subiendo los escalones del porche.

—Ningún contratiempo. ¿Ustedes?

—Vanessa apenas si ha dormido: entre la ausencia de Erick, la de los niños y de la preocupación por Matheo, no ha logrado relajarse. Por fin la convencí de que se fuera a recostar hace unos cuantos minutos; creo que la única razón por la que me hizo caso es porque ya no podía mantenerse de pie, ni siquiera con el uso de su energía espiritual —me aclaró.

La noche ya había caído, así que titubeé ante el hecho de molestar a mi amiga si de verdad se encontraba en el estado en que Belyan había dicho; tal vez era más prudente aguardar a la mañana siguiente y permitirle así unas cuantas horas de paz.

—¿Averiguaste algo? —inquirió Belyan atrayendo mi atención, no tanto por sus palabras, sino por el paso que dio hacia mí.

Tenía que encontrar la manera de que su cercanía no me afectara como lo estaba haciendo; pero después de haber probado el sabor de su lengua, de sentir sus alientos sobre mí, de conocer la sensación de sus músculos contra los míos, era bastante difícil retener a mi mente a que viajara hacia aquellos rumbos.

Que buen amigo ¿no?

Pasé saliva antes de hablar.

—La Congregación envió a Matheo y a su aspirante a una misión tan sólo para mantenerlo distraído… —comencé, cruzándome de brazos al tiempo en que me recargaba contra el barandal de madera, narrándole lo poco de lo que me había enterado y el hecho de que todavía había un paladín siguiéndome los pasos—. No sé bien cómo irán las averiguaciones oficiales, ya que nadie me quiso dar información precisa, a causa de nuestra conocida amistad con Govami; pero, por lo que pude escuchar, los miembros del Círculo están cada vez más convencidos de que Matheo es culpable, sin siquiera aguardar a una resolución completa de la investigación.

—Hijos de perra —murmuró Belyan agachando la cabeza, acomodando una mano justo al lado de donde mi cadera se encontraba.

Respiré profundo en un intento por concentrarme en lo que realmente predominaba en ese momento, y no en el hecho de que mi mejor amigo no lucía en lo más mínimo afectado por nuestra cercanía, cuando yo hacía uso de todo lo que me constituía tan sólo para domar la tentación de tocarlo.

Un nudo se formó en mi garganta en cuanto me miró otra vez, con esos clarísimos ojos azules que parecían adivinar con precisión todo aquello que yo estaba pensando.

—¿Qué propones que hagamos? —cuestionó con voz baja, mientras yo inhalaba el potente aroma a tierra mojada que rondaba en el ambiente, anunciando la lluvia que se avecinaba, lo cual ayudó a centrar mis sentidos a la realidad.

—Pensaba que tal vez sería buena idea llamar a mi hermana y a Bradd de vuelta y, a partir de eso y de lo que ellos hayan indagado, enviarlos en busca de Erick para ayudarle, pero no estoy seguro de que sea el mejor plan de acción… No lo sé, Belyan. Me estoy quedando sin ideas. Toda la situación me resulta inverosímil, pero si de verdad es la energía de Matheo la que se encuentra en el sitio del crimen, ¿qué se supone que debemos hacer?

—¿De verdad crees que él sería capaz de algo así? —me preguntó con asombro y algo de enojo, lo cual me molestó a mí también.

—Claro que no; es obvio que tiene que haber otra explicación —dije apretando los dientes para procurar contener mi tono mordaz—. ¿Qué piensas de si son esas conclusiones a las que llegas?

Cerró los párpados y negó con la cabeza.

—Olvídalo; exagero a lo estúpido. Esto de no hacer nada y sólo esperar no es lo mío. Las pausas no se me dan.

Lo entendía. La impotencia también me mantenía irritable… Eso, y que apenas si podía controlar a mis propias reacciones por el simple acto de mirarlo.

—Deberíamos llevar a cabo nuestra propia investigación —agregué prosiguiendo con diferentes propuestas; Belyan asintió ante mis palabras, porque era probable que él, al igual que los demás, hubieran estado pensando lo mismo—. Analizándolo con detenimiento, esa es nuestra única opción si la Congregación lo encuentra culpable por el simple hecho de detectar trazos de su energía espiritual. Tenemos que llevar a cabo una averiguación por nuestra cuenta, más exhaustiva, deshaciéndonos de toda hipótesis posible, encontrar testigos que el Círculo no se tomará la molestia de buscar, tratar de dar con algún tipo de coartada. Todos nosotros tenemos la certeza de que Matheo es inocente, sólo es cuestión de tener el tiempo suficiente para probárselo a los demás.

Asintió al tiempo en que los músculos de su cuello se removían al pasar saliva, girando un poco hasta que su cuerpo quedó acomodado contra la balaustrada junto al mío, en la misma postura que yo. Estaba tan cerca de mí que lograba percibir no nada más las oleadas de la energía de su alma, sino su temperatura corporal.

¿A esto se resumiría el resto de mi existencia? ¿A pelear contra mis propios instintos, que lo único que me ordenaban era que me adueñara por completo de mi mejor amigo?

Carraspee descruzando los brazos y acomodando las palmas a mis costados, sobre la madera; no fue sino hasta entonces que me percaté que la mano de Belyan continuaba donde la había situado unos instantes antes. Su meñique y el mío se encontraban separados por apenas medio milímetro, lo cual parecía ser suficiente para que una corriente de electricidad me recorriera el cuerpo entero.

Y él no se movía, no se alejaba, probablemente en un esfuerzo por demostrarme que de verdad nada había cambiado, que perdonaba mi desliz y que sería fiel a su palabra de que no lo perdería.

Lo que yo me preguntaba ahora era si sería capaz de sobrevivir así, con Belyan siempre ahí, pero sin tenerlo en realidad.

—¿Has dormido tú? —me preguntó inesperadamente, con tono áspero y la vista fija en el ventanal frente a nosotros.

—No mucho. Me ofrecieron mi antigua habitación en el cuartel, pero no pude descansar de verdad… Sentía como si los miembros del Círculo que permanecen en Morarye estuvieran atentos de mí hasta durante las horas de oscuridad, aguardando a que les diera alguna pista o como si en cualquier momento fuera a ser yo quien terminara por confesar que Matheo es culpable… Así que no, no pude descansar bien… ¿Tú?

Negó en silencio, hablando hasta segundos después:

—Vanessa ha estado muy alterada; pretende que no es así, pero la conozco… Y si quieres la verdad, yo tampoco me he sentido tranquilo en lo absoluto; aparte de que he tenido que estar fingiendo calma por su bienestar, mientras que mi mente se niega a callarse ni por medio minuto… —se detuvo abruptamente; quería decir algo más, pero algo en él lo frenó y, estando las cosas como estaban, no quise presionar—. Sé que en cuanto Erick necesite ayuda, mandará a algún felino a avisarme —continuó después de un momento, haciendo mención del animal afín que compartía con su hermano—. Tal vez deberíamos aprovechar esta noche para dormir nosotros también; no serviremos de nada en el estado en que estamos…

Suspiré y asentí, perdiendo mi mirada en las líneas desiguales del piso del pórtico, aceptando que su idea era la apropiada, pero casi seguro de que me sería imposible conciliar el sueño sabiéndolo tan cerca, bajo el mismo techo, pero al mismo tiempo a millones de kilómetros de distancia de mí.

Intocable.

—Hay dos camas individuales en el cuarto de los niños —agregó.

Fingí que sus palabras no me tensaban, ocultando mi reacción con un carraspeo.

—Mantendré guardia por un rato, así que será mejor que permanezca en alguno de los sillones de la sala —razoné de improvisto.

—Ok —aceptó sin pausas, provocándome una punzante descarga de decepción; otra reacción más que tuve que esconder—. Avísame cuando quieras que te releve.

—Bien —dije a sabiendas de que no lo haría; pero aun así ninguno de los dos se movió.

Algo me indicaba que tendría que ser yo quien se marchara primero, pero la sensación que su proximidad me provocaba era suficiente como para que no deseara alejarme de ahí jamás. Sabía que si estiraba el meñique de la forma más mínima, mi piel entraría en contacto con la suya, y lo más profundo e instintivo de mí deseaba eso más que nada.

Límites.

Debía respetar sus límites; Belyan había perdonado mi inexcusable error, por lo que era imprescindible que no volviera a romper su confianza de aquella manera.

Pero respondió a ti, me dijo mi mente de forma poco bienvenida. Recuerda la manera en que te devolvió el beso, en que se perdió en él al igual que tú.

¡Basta! Me ordené con éxito, enderezando mi postura y regalándome un ínfimo momento de debilidad, tocando con mi dedo el suyo apenas por un segundo, perdiendo el aliento ante ese simple roce al tiempo en que avanzaba hacia la puerta sin añadir nada más.

—Lórimer —su llamado me detuvo como si me hubiera topado con una barrera invisible, volviendo el rostro hacia él cuando mi mano ya se encontraba en el picaporte.

—¿Sí? —murmuré intentando que la esperanza no me ahogara.

Sus ojos estudiaron mis facciones, pero de su boca no emergió nada durante largos instantes.

—Que descanses —fue lo único que añadió.

Soy un imbécil.

Le sonreí lo más genuinamente que me fue posible.

—Tú también.

3 comentarios en “Pausas

  1. =O wwwoooooowww esta genial!!! por favor Adriana sigue con la historia de ellos dos no nos dejes en azcuas jejeje me encantan de verdad tus libros y todo el mundo de los dominios!!!!

    Saludos

    Me gusta

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